Discurso del Presidente de la Unión Romaní, Juan de Dios Ramírez Heredia. Versión castellano
Señora Ministra, señores Ministros, Autoridades, Personalidades y amigos;
No puedo evitar cada vez que tomo la palabra, en recuerdo de las victimas del Holocausto, que un sentimiento de emoción, mezcla de rabia, de ternura y de liberación; y hoy especialmente, ese sentimiento se ve tremendamente acrecentado. Mirar a estos niños aquí, saber que el Holocausto representó la eliminación física de tantos y tantos niños inocentes, pensar que de alguna manera, ellos, en algún momento de la triste historia de nuestro país, hubieran sido los protagonistas desgraciados del odio y de la ceguera nazi, me sigue provocando una tremenda angustia.
De vez en cuando, repasando la filmografía gitana, especialmente la referida al Holocausto, cojo entre mis manos la cinta de la película “Y los violines dejaron de sonar”, y de nuevo algo se estremece en mi interior, por eso cuando me llamaron para decirme que este acto, me invitaban a participar también en este solemnísimo Acto de Estado, quise alimentar mi espíritu una vez más, quise flagelarme una vez más, viendo la película “Y los violines dejaron de sonar” porque allí están los niños, los niños gitanos, los niños judíos, a los que ese monstruo de la naturaleza, el Dr. Mengele, hizo con ellos tantos y tan terribles experimentos; es horrible ver en esa cinta la reproducción, de lo que seguro, fue la realidad aquellos años; testimonios vivos han quedado de algunos supervivientes; cómo aquel monstruo cogía a los niños y les sacaba los ojos, para comprobar cual podía ser, una vez cieguecitos, su sentido de la orientación, aquel monstruo que cogía a los niños judíos y a los niños gitanos, en su afán de intentar conseguir una mayor proliferación de la raza aria, y los cosía literalmente, sí, los cosía, cogía a los niños gitanos y a los niños judíos y les unía las manitas, hacía que la sangre circulara entre un cuerpecito y otro de aquellos niños, experimentos terribles. Y si no fuera por testimonios de supervivientes, especialmente un doctor judío, que no tuvo más remedio que estar en los aledaños, el Doctor Miklos Chrisnik, que ha sido el que protestó de forma fehaciente, de lo que vio hacer en manos de este monstruo. Escapó, escapó vivo, se fue a Brasil y allí murió, en el año 1979.
Recuerdo y me viene a la memoria el tiempo en el que fui diputado en el Parlamento Europeo, como en la persona, en quién yo veía reflejado el odio nazi, la negación del Holocausto, era, precisamente el señor Le Pen. Por cierto, querido M. Justicia, debe de estar contento el señor Le Pen, con la resolución de nuestro Tribunal Constitucional; haber hecho que el punto 2 del artículo 607 del Código Penal haya sido modificado. El tener delante de mi vista también, al anterior Presidente del Parlamento Europeo, me hace recordar y felicitarle entre otras cosas, porque el Consejo de la Unión Europea, en una Decisión Marco, aprobó en el año 2007, que la memoria del Holocausto debía permanecer, que se debía castigar a aquellos que hicieran del Holocausto, una cierta apología de algo que se tenía que hacer contra seres inferiores, pero añade más la Decisión Marco aprobada en el Parlamento Europeo, se debe castigar a quienes nieguen la realidad de esos acontecimientos que han sucedido hasta ahora.
Por eso, queridos amigos, a veces me cuesta mucho trabajo pensar que, cosas tan elementales como es aspirar a luchar porque la gente se respete, ojalá que la gente se quisiera, pero si no es posible que la gente se ame, al menos que la gente se respete.
¿Cómo es posible que alguien pueda pensar que los seres humanos no estamos investidos de un mismo principio de dignidad? Para los creyentes, por ser cristianos, para los que no lo sean, por un sentimiento de respeto a la dignidad del ser humano.
¿Cómo es posible que el odio pueda llegar a tales extremos, que nos veamos implicados a tener que recordar, año tras año, lo que fue el genocidio, lo que fue el Holocausto?
Gitanos y pueblo judío, unidos por el cariño, por la emoción y por la tragedia que juntos hemos vivido; 5 millones de judíos, 6 millones, 500 mil gitanos, fueron victimas de esta ceguera; hoy todavía algunos niños gitanos siguen padeciendo persecución, como muchos niños judíos también, viviendo en circunstancias muy extremas. Desde aquí quiero hacer un llamamiento, a ese monstruo que ha secuestrado a Mari Luz, la pobre niña gitana de Huelva, de la que España entera está en expectación para ver si aparece pronto, que aparezca viva y que pueda reintegrarse en la vida familiar, con los suyos.
Aquí estaremos siempre, señores ministros, señoras y señores, los gitanos unidos al pueblo judío, en un canto y en una esperanza, porque la humanidad empiece a aprender a respetarse, lo ideal sería que la humanidad se amara, pero que no les quepan duda a los racistas, que no les quepa duda, ni la más mínima duda a quienes nieguen el Holocausto, a quienes se empeñen en decir que no existió, o que quienes lo cometieron no fueron tan malos, y que aunque los encierren, aunque los tapen la boca, aunque algunos tribunales democráticos, digan que no es delito negar el Holocausto, algunos, como decía Blas de Otero, seguiremos pregonando que eso existió, porque nos queda la palabra, y mientras nos quede la palabra, nuestro testimonio, seguirá siendo un testimonio de respeto al ser humano y de solidaridad con las victimas de la ceguera nazi o de cualquier otro tipo de terrorismo.